jueves, 21 de octubre de 2010

HUGO LINDO
1917-1985


        Hugo Lindo nació en oriental ciudad de La Unión. Un poeta de gran proyección en las letras hispanoamericanas de su época, y ejerció una marcada influencia en la literatura del país. Fue en su tiempo abogado, diplomático, agudo crítico literario, novelista y poeta.
        Entre sus obras narrativas destacan, "Justicia, Señor Gobernador", "Aquí se cuentan cuentos", "Espejos paralelos", y entre sus poemarios, "Navegante Río".
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EL VERBO NOS AMPARE


Yo soy, tú eres, él es...
En el aire se deshacen
los pronombres y los verbos
por la herida de la tarde.
 
Yo, tú, él, nosotros, todos
encadenados de márgenes:
cada uno es cada uno,
nadie es el otro ni nadie:
no hay un corazón tan grande
que empuje por nuestras venas
la caridad de otras sangres...
 
Yo, tú, él... y nuestras casas
firmes de lodo y mármoles,
con puertas y con paredes,
ventanas y barandales...
 
Yo soy, tú eres, él es...
¡Que el verbo nos ampare
ahora que conjugamos verbos más puros y grandes!
 
Porque yo guardo memoria
de un tiempo de eternidades,
en donde todo era yo,
todo eras tú, y él, y nadie:
que las divididas casas
no tenían ni señales,
ni los arroyos corrían,
ni se encrespan los mares,
ni las sombras de los cielos
inundaban las ciudades:
de un tiempo que no era tiempo,
de un todo que no era partes,
de un magnífico pronombre
sin cercos, muros ni alambres...
 
Yo soy, tú eres, él es...
Más alla de ti no hay nadie:
¿Quién te demuestra mi esencia?
¿Cómo tu pena me llague?
¿Por qué ruta su alegría
ha de llegar a tus valles?
 
La noche que se avecina
con sus amarillos cálices,
no aprendió las incompletas
verdades gramaticales:
ella es noche, porque no es:
porque la luz no la invade,
porque su callada pulpa
no es rota por los alfanjes,
porque no tiene riberas,
contornos, perfíles, madres:
porque discurre en sí misma
y en sí se completa y vale:
porque no es un yo ni un tú,
porque no es un él ni un nadie,
porque resume en sus ámbitos
el Todo inmenso, sin partes:
porque su aroma de estrellas
en los jardínes del aire
no tiene nombres pequeños
en los pliegues de sus cálices.
 
Yo soy, tú eres, él es...
Nosotros NO SOMOS...
¡Abre
Adán. tu conciencia sorda!
¡Rompe el muro de tus carnes!
¡Sé tú, sé yo, y él, y todos,
de modo que nos ampare
una sola realidad
y un solo fuego nos marque!

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